Profe, expliqueme bien. La Generación Why ya está en tú colegio.

Los desafíos para la educación de los Millennials y otras generaciones, sus padres y profesores.


Los nativos digitales no existen.

Si bien el concepto de nativo digital no puede usarse como definición de un grupo determinado de personas delimitado por edades, sí puede decirse que todo aquel que hoy utilice con provecho las nuevas tecnologías digitales puede considerarse a sí mismo como un nativo digital independientemente de la edad que tenga. Aunque probablemente sería más acertado decir que todos somos inmigrantes digitales que habitamos dentro de un territorio nuevo, que es el que ha aparecido con la irrupción de internet.


Existe también un grupo al que se le llama millennials y al que se encasilla en el período que va aproximadamente desde 1981 a 2000, con lo que se hace referencia a aquellas personas que nacieron a las puertas del nuevo milenio.

Toda división temporal de este estilo se realiza con la intención de que nuestro sistema cognoscitivo nos permita entender el tiempo que intentamos abarcar, pero hacer una división que abarque un lapso de años para definir a un grupo de jóvenes en concreto, como por ejemplo el de los millennials, resulta inadecuado, ya que las distintas realidades comprendidas dentro de ese grupo son llamativamente diferentes entre sí. Un joven nacido en Nigeria es un millennial distinto a uno nacido en Nueva York y a la vez difiere de otro nacido en China o en Irak y todos ellos son distintos a su vez de aquellos que, aunque hayan nacido en un mismo territorio, correspondan a estratos socioeconómicos, culturales o a realidades distintas.




Otra opción diferente es la de abordar estos términos, «digital» o millenial, para hacer referencia a un nuevo tipo de mentalidad que implica una nueva forma de pensar el mundo y que se ha propagado en estos años con la irrupción de internet.

En este grupo podemos encontrar a aquellas personas que abordan este nuevo siglo como el despertar de algo diferente y que no están limitadas por ningún tipo de frontera, ya que una mentalidad innovadora puede surgir desde cualquier rincón del planeta y desde cualquier estrato sociocultural y económico para darse hoy a conocer.


De la información a la inteligencia.

Si deseamos hablar entonces de «mentalidades digitales», podríamos basarnos en esta nueva forma de mirar el futuro que tienen algunos, pero que no se encuentran encasillados dentro de un período determinado por unas fechas de nacimiento, sino que los hay de todas las edades.

No es el uso de la tecnología exclusivamente aquello que te hace poseedor de una mentalidad innovadora, porque el uso de los elementos disponibles no implica una forma de soñar algo diferente para tu tiempo, sino que es únicamente usar aquello de lo que dispones, sin ninguna otra mira hacia algo distinto.


Es decir, no todos aquellos que hoy utilizan a la tecnología tienen una mente digital, millennial o innovadora.

Hubo muchas personas que se adelantaron a su tiempo a lo largo de la historia y que hicieron posibles los avances de nuestra civilización: inventores, filósofos, psicólogos, científicos, artistas, físicos, ingenieros, médicos etc. Y entre miles de nom- bres podríamos mencionar a los más populares, como por ejemplo Sócrates, Leonardo da Vinci, Nikola Tesla, Thomas Alva Edison, Albert Einstein, Steve Jobs, Stephen Hawking y tantos otros.


Tener una mentalidad innovadora significa ser capaz de adelantarte a tu tiempo para traer lo nuevo, como hicieron todas estas personas, viendo aquello que sus contemporáneos aún no eran capaces de ver y teniendo además la valentía de plasmarlo.


Edison, por ejemplo, consiguió comercializar con éxito la bombilla eléctrica y esto transformó la vida de las personas. Pero todos aquellos que hoy encienden la luz de su casa cuando oscurece no son como Edison, aun aunque utilicen la electricidad con los mismos fines.

Ésta es la diferencia entre tener una mentalidad luminosa y ser solamente un consumidor de energía.


A la generación millennial se la llama también «generación Y (Why)» (generación por qué). Y este nombre es clave para analizar el tipo de mente que tienen los seres humanos que son capa- ces de adelantarse a su tiempo. Todo ser que pertenezca a este grupo del «porqué» es un ser que siempre se preguntará el por- qué de todas las cosas y esa curiosidad es la que transformará una mentalidad común en una mente extraordinaria. No importa en qué año hayas nacido. Si tú perteneces a este grupo de personas, serás un descubridor en cualquier ámbito en el que estés, porque la curiosidad es el primer síntoma que da la inteligencia.


Todos nacemos curiosos e inteligentes en potencia y llegamos al mundo con ganas de saberlo todo, pero con el tiempo, esta curiosidad se va aplacando cuando comprendemos que las preguntas son un estorbo y que la gente a medida que se hace mayor deja de preguntarse el porqué de todas las cosas. Vamos así poco a poco imitando al mundo que nos rodea y comprendiendo que la adaptación obediente que no ofrece opciones distintas es la única manera que tenemos para poder sobrevivir en él.


Las preguntas, en los ámbitos académicos antiguos, hacen parecer a quien cuestiona como un ser ignorante e inadaptado a la realidad, porque la duda en muchos de los sistemas educativos antiguos se asocia a aquellos que son incapaces de com- prender bien las cosas establecidas como ciertas e inamovibles.


Poco a poco comenzamos así a bloquear las puertas de la duda, cerrando a su vez las puertas de la razón, del pensamiento y de la búsqueda, y cuando estas puertas se cierran te conviertes en un ser alimentado a base de creencias y fácilmente manipulable porque la creencia funciona como el impedimento de la inteligencia.


Una comunidad limitada por la creencia nunca promoverá la inteligencia en sus jóvenes, sino que interpretará la inteligencia como la capacidad de repetición obediente de los conceptos antiguos y considerará inteligente al alumno memorioso.

Dentro de estos ámbitos, la antigüedad de los conceptos sir- ve de excusa para justificar su inmovilidad. Se considera que los conceptos por ser antiguos son correctos. Se promueve así la inmovilidad mental de las personas que en actitud de respeto sacrifican la posibilidad de convertirse en seres inteligentes y creativos, al ser incapaces de ponerlas en duda.


Estas son comunidades en donde el pasado es siempre más importante que la adaptación a los nuevos tiempos y en donde se condena a la innovación, sacrificando la inteligencia de sus individuos. Una persona bloqueada por las creencias nunca podrá convertirse en una persona verdaderamente inteligente porque la creencia será siempre la barrera. Y por eso no es de extrañar que las personas más inteligentes y creativas de este planeta se hayan mantenido siempre alejadas de ellas.


En la actualidad contamos con muchísima información, pero el tema reside ahora en qué hacemos con ella. La información nunca antes ha estado tan disponible como ahora, pero, aunque el camino intelectual ya haya sido transitado por muchos, nos ha demostrado que es inagotable y en muchos casos también insuficiente.

Los países ricos de Occidente se caracterizan por haber transitado el camino de la mente y, sin embargo, lo han encontrado siempre incompleto, quizá porque han notado que la inteligencia no es un proceso exclusivo de la mente.

La irrupción de internet no ha traído la información como novedad, sino que la ha hecho masiva y ésta es en realidad su aportación: la irrupción de la globalidad informativa de forma masiva e instantánea, con todos sus beneficios y sus peligros.


Hoy la información ya no tiene límites de espacio y de tiempo y está al alcance de todos los que no estamos excluidos de su acceso por la brecha digital. Es en este punto donde aparece la necesidad urgente de encauzar la información hacia un camino creativo.

Siempre hemos diferenciado a las personas informadas de las personas inteligentes y en algunas ocasiones hemos conocido a personas que milagrosamente eran las dos cosas a la vez. Hoy el mundo está plagado de gente informada gracias a inter- net, pero siguen escaseando las personas inteligentes. Porque en el proceso de educarse son muy pocos aquellos individuos que logran que su inteligencia se mantenga despierta y alimentada por el conocimiento, en vez de ser aplastada por él.


¿Inteligentes o informados?

La inteligencia tiene que ver con el proceso que sufre la información una vez obtenida. Esta información puede seguir dos caminos diferentes: la retención inamovible o la transformación. Y es en estos dos procesos en donde se evidencia la diferencia entre dos tipos de absorción distintos. La retención, te convertirá automáticamente en un ser informado y la transformación de la información te convertirá en una persona inteligente. www.mef2020.me


Cuando nos referimos a ser inteligente hablamos de la capacidad creativa que tiene la inteligencia. La creatividad no tiene que ver con la cantidad de información a la que accedas, sino con lo que seas capaz de hacer con ella. Es tu cualidad transformadora lo que hará o no valiosa a la información obtenida. La forma en que seleccionas lo valioso que contiene cada información y descartas todo aquello que no sirve; como si tu mente actuara como un seleccionador de valor y a la vez como un d tector de basura.


La creatividad no es algo que puedan darte, como sucede con la información que viene de fuera, sino que es una cualidad que radica en cada ser humano, como un potencial que puede o no ser desarrollado.

La creatividad es aquello que tú le das a la información, tu aporte. Cuando la información se convierte en idea es porque tu cualidad creativa ha aparecido en acción y ha transformado a la información en algo distinto. El nexo entre la información y la idea eres tú. Sin tu cualidad creativa, la información seguirá siendo sólo información y tú seguirás siendo sólo un ser in- formado.


Nuestro objetivo en la educación debería ser potenciar en el ser humano la capacidad de inteligencia, contando con todos aquellos nuevos elementos de los cuales disponemos hoy y volviendo a preguntarnos el porqué de todas las cosas.

La «ausencia de los porqués» en nuestra educación parecía ser una nimiedad, pero, sin embargo, resultó ser un elemento clave que perdimos, ya que el porqué de las cosas es la llave para relacionarlas a todas y, sin él, olvidamos pronto toda aquella información que adquirimos, porque el dato que no se relaciona, inevitablemente, se pierde.